Añoranzas del tío Conia

El tío Clonia en los inicios del otoño

Las hojas de los chopos de las llameras, adivinando el otoño, decoran con una alfombra de tonos amarillentos y ocres el suelo que los sostiene.

– ¡Qué pocos vamos quedando en el pueblo! –medita con melancolía el tío Conia en su paseo de media tarde por el Alicreigo. Dirige sus pasos hacia el rincón soleado y de amplio corredor de la casa de Jacinto y Clara, donde acuden los habituales de los corrillos y algún que otro veraneante rezagado. Al pasar ante el taller de Venancio, y viendo la puerta abierta, se asoma y dice:

– ¡Buenas tardes, amigo! ¿Cómo va ese trabajo? ¿Hay mucha tarea?

El carpintero, de mediana edad, estatura media, moreno, bonachón y  experto en el oficio, en parte heredado de su padre el tío Raimundo, se afana en la colocación de los clavos de las puertas carretales.

– Estoy, tío Conia, concluyendo unas puertas de negrillo para el tío Alejandrón. Él, como buen maragato, me ha pedido que han de llevar los herrajes tradicionales de aquí. Así que acudí a la fragua de José Ares, de Valdespino, le hice el encargo y esta es la obra que me ha entregado: la falleba, los clavos que estoy terminando de poner, los ángulos ya colocados,  la chapeta y la cerradura. ¿Qué le parece?

Clavo de herrero. Foto del autor

– Las manos de Ares son especiales en el trabajo del hierro -responde Conia-. Conocí mucho a José y a su hermano Nicolás en su fragua de Lucillo de las ferias de los lunes.

– Fíjese en el picaporte tan elegante que me hizo el herrero -espeta el carpintero mientras se lo enseña-. ¿Me sujeta la puerta para colocarlo?

Como usted muy bien sabe, para lograr cerrar o abrir las puertas maragatas sin necesidad de llave se ha usado siempre un accesorio de hierro conocido como picaporte, manilla o chapeta.

Chapeta, parte interior. Foto del autor

En el interior de la puerta que habitualmente se abre, se coloca esta palanca, que en el extremo más interior gira sobre el clavo y se eleva por la acción de la pletina de hierro que se comunica con el exterior desde donde se acciona para levantarla. Se pone también una gran grapa en esta misma puerta, después de la pletina, que evitará el desvío de la palanca. El otro extremo encaja y reposa sobre la pieza en forma de nariz que ya se halla insertada en la otra puerta, que estará fijada al suelo y al cargadero mediante la falleba.

Chapeta, parte esterior. Foto del autor

En la parte exterior de la puerta, va el tirador con el escudo de adorno. La empuñadura es una pieza de hierro forjado en forma de asa con la que se empuja o tira de la puerta. En la parte superior de ella lleva una hendidura donde va introducida la pletina con cabeza plana para apoyar el dedo pulgar y que, como ya dije, levanta la palanca interior. Cuando desde el exterior oprimimos hacia abajo esta cabeza mientras tiramos del tirador del picaporte, la palanca interior se eleva y la puerta está dispuesta para su apertura, si se deja caer, encaja en de nuevo en la nariz y la puerta queda cerrada.

Espejo. Foto del autor

El escudo del picaporte es una chapa de hierro recortada en diversas formas. Es el accesorio más atrayente de la puerta, un adorno singular. Sus decoraciones dependen del herrero y del capricho del dueño que encarga la chapeta, son obras únicas hechas a mano y originales. Estos herrajes y otros de las puertas proveen de una particular belleza a la casa maragata.

– Una explicación muy certera, Venancio -dice Conia con su habitual amabilidad-. Y sigue: Enséñame la cerradura.

Espejo de cerradura. Foto del autor

– Mire -interviene el carpintero-, fíjese en el espejo. ¿A que es precioso? Ares es un maestro de la forja.

Conia, muy agradecido de las explicaciones y sorprendido del trabajo de Ares se despide:

– Bueno, Venancio, me voy hacia el rincón de Jacinto a ver qué cuentan los amigos. Hasta otro rato.

«Los bancos bajo la solana están ocupados. Del caño de la fuente cercana se desliza un hilillo de agua que, al caer, dibuja pequeñas ondas concéntricas en el charco.

Jacinto “el tío Carraza”, Cleto y Leoncio  mantienen una entretenida parola cuando les sorprende Conia:

– ¡Buena tarde, amigos! Estáis muy animados. Estuve un rato en el taller de Venancio viendo las puertas que hace para Alejandrón. Le van a dejar la entrada a la casa muy elegante.

– ¡Buenas! ¡Coiro!, ¡Qué sorpresa! -contesta Cleto levantando la mirada-, Estábamos charlando del salto del Cabrito y de la fecha de su construcción. Tú, que por aquellas fechas eras un mozo y trabajaste algo allí, nos podrás ayudar.

– Creo recordar que a mediados de los años cuarenta se construyó y se instaló la línea eléctrica. Esperai, voy a casa, traigo unos papeles de entonces, y que conservo celosamente, y lo vemos.

– ¡Carraza! Estás en todo, Conia. Tú siempre tan previsor y tan amante de la lectura.

Conia se acerca a su hogar y pronto regresa con las hojas del diario de entonces. Se sienta, ordena los papeles y les comenta:

Tubería de la central. Foto de Víctor Manuel Simón

– Los papeles están un poco viejos pero se leen bien. Veamos lo que dicen:

 El Ilmo. Sr. Director General de Obras Hidráulicas en comunicación con fecha 13 de Octubre de 1943, dice a esta Jefatura de Aguas lo que sigue:

El 16 de marzo de 1943, la Sociedad Rodríguez Crespo y Compañía solicita la concesión de 500 litros de agua por segundo derivados del río Cabrito en término municipal de Lucillo con destino a usos industriales, con aportación de las aguas sobrantes del arroyo de Peñavellosa, con destino a producción de energía eléctrica.

Se presentó una reclamación firmada por varios vecinos de Molinaferrera alegando que vienen disfrutando desde tiempo inmemorial de las aguas del río Cabrito para riegos de sus prados y que en el estiaje, dado el caudal reducido del río, no les quedaría agua suficiente para efectuarlo, y también alegan la posible desaparición de las truchas que representan un medio de vida para mucha gente del país.

La Jefatura de Aguas y la Abogacía del Estado informan favorablemente la Concesión considerando que el Expediente está bien tramitado y que procede desestimar la reclamación presentada porque según criterio del Jefe de Aguas no tienen personalidad administrativa para ejercer su derecho, pues no hay concesión alguna inscrita a su nombre.

– ¿Veis desde cuando está aprobado? -dice Conia con satisfacción y orgullo.

Leoncio, que también tiene buena memoria, comenta:

– Yo me recuerdo de la ejecución de la línea donde la vemos hoy,  por Pezuelo y las Eras del Cristo, y de que nuestro pueblo se quedó sin la luz por desacuerdo o desidia de los vecinos. Sin embargo, prontamente la Junta Vecinal construyó el transformador, nido de juegos y experimentos durante unos años.

– ¡Carraza! Siendo Mariano presidente en los comienzos de los cincuenta, fue cuando se hicieron los trámites pertinentes para obtener el servicio eléctrico, que llegó a muy buen término en el verano de 1955.

– ¿Coiro! Me recuerdo –salta Cleto- de que don Jaime, el cura, en un concejo influyó mucho para que se pusiese la luz y ayudó en lo que pudo, que fue mucho, para que se hiciera realidad.

Conia, refrescando su memoria, expone una anécdota curiosa que pudo ser un infortunio:

– El rapaz del tío Eugenio, estando la familia segando el pan, se entretuvo con una idea -y vaya idea-: cogió un cacho de cable forrado, restos de la obra quizás, y arrimó sus extremos a los hilos que entraban en la casa. Cuando por la noche vinieron de la siega, estaban sin el apreciado servicio. Después del inesperado sobresalto del amo de la casa, el rapá contó su “hazaña”. Basilio, el hijo mayor del dueño, levantó la tapa de los plomos y subsanó el accidente.

Estando en estas cosas, sale Clara con su rueca y fuso hacia su rincón acostumbrado.

Jacinto, al ver a su esposa, le hace espacio y le dice:

– ¡Chacha!, ponte cómoda.

Clara, de pie junto al ventanuco, coloca el palo de la rueca a la cintura, toma un hilo de la rocada, lo lía en la muesca y  hace girar el fuso

Llega un forastero, un contador de historias, y, viendo a Clara hilando, le dice muy amablemente:

– Por favor, ¿me permite que le haga algunas fotos y luego me explica su labor textil?

Luzdivina hilando.

Ella, siempre tan amable y risueña, le dice con dulzura:

– ¡Señor!, puede usted comenzar.

VOCAVULARIO

Fuso: huso.

Llamara: prado con cierta humedad y de escasa cosecha.

Rapá: rapaz

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